
Cuando nació mi hija, todo el mundo me decía que disfrutara mucho cada instante porque el tiempo pasa muy rápido.
Y es verdad, sí, pero… ¿no será también que vivimos como si quisiéramos ganarle un pulso a la naturaleza?
Después de mi parto, el tiempo y el mundo se pararon. No hacía falta añadir a mi vida nada más porque ya estaba viviendo lo más extraordinario. Lo más natural y, a la vez, lo más profundo.
La crianza slow no es una modernidad, es volver a los orígenes, a la naturaleza, al bebé, a la madre, al cuerpo…
Al origen de todo: amor profundo, contacto, calor y vínculo.
Si eres mamá, seguramente no necesites más pruebas científicas que su carita y su respiración durmiendo junto a ti. Pero, aun así, la ciencia lo confirma: el apego, la lactancia, el colecho, el piel con piel y todos esos elementos aparentemente modernos de la crianza slow son prácticas naturales y biológicas que sostienen al bebé y a la mamá.
¿Qué es la crianza slow o crianza natural?
Para mí, es una forma de vivir la maternidad y la paternidad desde la pausa, la atención y el respeto profundo a los ritmos biológicos y emocionales. Significa elegir la calma en medio del ruido y dejar que los tempos del bebé (y no la agenda) marquen el ritmo.
Recordar lo natural.
Criar como siempre lo hicimos. Antes de que la prisa y la productividad marcaran el rumbo hacia ¿ninguna parte?
La fórmula es sencilla: cerquita, con amor, a su ritmo y en tribu.
Porque creamos un vínculo seguro que acompañará a nuestro bebé durante toda la vida.
Porque la calma se contagia y nuestro peque se criará con menos llantos, menos estrés y más confianza.
Porque su desarrollo fluye sin presiones ni comparaciones.
Y porque cuidar despacio y de forma natural, también cuida a mamá y a papá.
¿Qué prácticas incluye la crianza slow?
Cada familia encuentra su forma de vivirla y todas son válidas y respetadas, pero como estamos hablando de crianza natural me voy a centrar en los aspectos de la crianza slow más universales.
Por favor, si no practicas alguno de ellos no sientas que no lo estás haciendo bien o que te estoy juzgando, al contrario.
En la crianza slow lo más importante es escuchar a tu bebé, seguir tu propio instinto y tomar las mejores decisiones para vuestra vida. Soy consciente de que determinadas prácticas, como por ejemplo la lactancia materna, no siempre se pueden llevar a cabo aunque se quiera.
Dicho esto, estas son las prácticas de crianza natural más universales:
- Piel con piel: el contacto regula la temperatura, proporciona calma y fortalece el vínculo desde el primer día. Las dos primeras horas tras el nacimiento son muy importantes, pero es maravilloso hacer piel con piel siempre que se pueda.
- Porteo y colecho consciente: dormir cerca favorece el descanso familiar, especialmente de la mamá si da pecho, y permite responder rápido a las necesidades del bebé. El porteo da seguridad y calma recreando las sensaciones del útero, favorece la lactancia y evita problemas digestivos en los peques.
- Lactancia materna a demanda: es un alimento vivo y absolutamente extraordinario que se adapta al bebé a cada momento, tiene tantos beneficios que todavía se están estudiando…pero, por si fuera poco, el pecho y los brazos son hogar, calma, vínculo y protección. El bebé no usa la teta de chupete, usa el chupete como teta. Por lo que en lactancias prolongadas y a demanda (siempre que esto sea posible, claro) es mucho más sencillo prescindir de ellos. ¿Para qué los quieren teniendo a mamá? 😉
- Alimentación complementaria a demanda (BLW): Al igual que con la lactancia a demanda, el bebé gestiona su hambre eligiendo los alimentos y la cantidad. Descubre alimentos y texturas, aprende a comer solo, desarrolla nuevas habilidades, se siente integrado en la mesa y, además, ¡se lo pasa pipa!
- Ritmos respetados: caminar, gatear, hablar… cada bebé tiene su propio tempo, no es una carrera. Acompañarle en cada etapa sin forzar sus tiempos es un viaje fascinante. Con respeto y presencia descubriremos de nuevo la magia de la vida junto a ellos.
- Naturaleza y juego libre: jugar con pocos objetos y, a ser posible, de materiales naturales o de la vida cotidiana. Salir a la naturaleza y a los espacios abiertos para que su imaginación florezca. Y, por supuesto, sin pantallas.
- Presencia consciente y apego seguro: no es cuestión de horas, sino de estar de verdad cuando estamos: mirar, acariciar, escuchar, conversar…y, claro está, responder a su llamada, llanto y necesidades SIEMPRE. No se malacostumbra, ¡es un bebé!, en todo caso se “bienacostumbra” a que sus necesidades y emociones son importantes y atendidas con amor. Peques dependientes, adultos independientes, ¿lo sabías? 😉
- Sueño respetado: sueño a demanda escuchando sus señales y manteniendo rutinas y horarios que le ayuden a mantener la seguridad y el descanso, sin entrenamientos antinaturales que les generan ansiedad y los alejan de nuestros brazos.
- Criar en tribu: esta parte es quizá la más difícil porque no depende exclusivamente de nosotros, pero es muy reconfortante tener apoyo cerca (amigos, familiares y profesionales) por lo que, si no tienes tribu, una buena manera de comenzar a crearla es unirte a un taller de lactancia o a una comunidad online.
Crianza slow: una elección de presente
Criar despacio no es retroceder al pasado, sino reconciliarse con el presente. Es mirar a nuestro bebé y permitir que marque su propio compás, que no es ni más ni menos que el de la propia naturaleza.
Es confiar en nuestro propio instinto e intuición, más allá de los libros y las teorías.
Porque lo esencial no se acelera: el vínculo, el amor, el cuidado, la calma… todo lo que se hace con amor florece despacio.
Y eso, quizá, sea lo más revolucionario: volver al origen, volver a la vida.
